A estas alturas, más que la sospecha, tengo la convicción que la reforma procesal civil chilena demoró tanto en avanzar que las buenas razones que justificaron su diseño han sido ampliamente superadas por el desarrollo tecnológico.
No estoy diciendo que de tanto esperar nuestro actual procedimiento civil ya esté bien. Está pésimo. Tampoco estoy diciendo que no haya que reformarlo: hay que hacerlo. Digo algo distinto: la reforma que Chile necesita ya no es la que llevamos 20 años gestionando.
Como sabrán, nuestro Código de Procedimiento Civil es de 1902 y fue concebido para solucionar las crisis del siglo XVIII; y desde al menos 2005, Chile viene trabajando en proyectos destinados a sustituirlo. La orientación ha sido siempre la misma: procedimientos predominantemente orales, públicos, concentrados y dirigidos por un juez en contacto directo con las partes y con la prueba.
Una magnífica idea… para el año 2005. Leer más
