Imagine que dos personas reciben el mismo diagnóstico y el mismo tratamiento. A una le funciona de maravilla; a la otra, apenas le hace efecto. No hay negligencia de por medio: la diferencia puede estar en las características de su enfermedad, en su genética o en la forma en que su organismo procesa un medicamento.
Durante buena parte de su historia, la medicina ha operado como la ropa de talla única: a algunos les queda perfecta, a otros les aprieta y a unos cuantos les sobra por todos lados. Pero aquí irrumpe la medicina personalizada de precisión, que provista de tecnologías sensorizadas, aspira al traje a la medida.
Del promedio a la persona
La medicina personalizada de precisión busca comprender qué distingue a cada paciente para decidir mejor cómo prevenir, diagnosticar y tratar. Para ello combina la información clínica tradicional con datos sobre sus características biológicas, su entorno y sus hábitos, con el fin de predecir qué intervención tiene más probabilidades de beneficiarlo.
En este nuevo entorno, el propio paciente es la fuente continua de información. Sensores portátiles, e incluso implantados, pueden medir y transmitir en tiempo real constantes vitales, niveles de glucosa o el momento exacto en que se tomó un medicamento (sí, el Internet de las Cosas también llegó al cuerpo humano y a la farmacia). Leer más
